Sembrats

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CCP Jesús Obrer-Sant Maur.  Valencia, Nº203  Segunda Parte

¿Qué es...      La limosna.

Ovidio Fuentes

 El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define así la limosna: “Cosa que se da por amor de Dios para socorrer una necesidad”. Otros dicen, sencillamente: “lo que se da...”.

 La palabra viene de un verbo griego que significa tener compasión, sentir misericordia. Es interesante acudir al origen de las palabras, porque, con el uso durante siglos, se viene a desvirtuar a veces su significado primigenio. Lo cual ni es bueno ni malo: las palabras son para entendernos, y es el pueblo quien hace un idioma. Pero su origen apunta al significado más profundo, más verdadero. Cuando conocemos a alguien, ya sabemos quién es, claro. Pero si además sabemos de qué familia procede, la cosa cambia. Ya no es lo mismo. A lo mejor nos explicamos cosas que quedaban en el aire.

 

Ya tenemos los tres aspectos fundamentales: qué, para qué y cómo.

 

I. Qué es: "Cosa", "lo que". Si es una cosa se tratará de algo visible, que se puede pesar o medir, como dinero, un aval, comida... Si nos referimos a "lo que", ahí entra también una actitud, una palabra, el silencio…
II. Para qué: "Para socorrer una necesidad". No para alentar la haraganería o satisfacer el orgullo propio o tranquilizar la conciencia.
III. Cómo: De muchas maneras. Individual y directamente a quien descubrimos necesitado (en la calle, en la cercanía familiar o de vecindad) o en una colecta comunitaria y a través de ONGs o instituciones asistenciales y de desarrollo social.
Pero en uno u otro caso, siempre por amor al prójimo, movidos a compasión ante su concreta necesidad y actuando en consecuencia. Porque, ¿cómo podemos decir que amamos a Dios, a quien no vemos, si no amamos a la persona próxima a nosotros? Recuerdo con tristeza aquella religiosa que en un hospital proclamaba hacer las cosas “por amor de Dios”, no por compasión hacia la persona enferma. ¿Y nosotros? ¿Dónde ponemos el amor?   Volviendo sobre el tema. Hay mucho que hablar.

1. Normalmente se entiende por limosna el dinero que se da. Y así en la iconografía se muestra al santo dando monedas que saca de una bolsa. Entre nosotros, en Valencia, es muy conocida la imagen de santo Tomás de Villanueva, el que fue Arzobispo de Valencia.

Me da la impresión de que en esto, como en tantas cosas, se impone la visión económica. Hasta que no se mide en dinero el costo de una cosa, no sabemos de qué estamos hablando. Hablo de costo; no de valor. Porque lo que más vale, no se paga con dinero. Decía A. Machado: "Todo necio confunde valor y precio". ¿Por qué entonces reducirnos al dinero? ¿Por qué hemos de ver el mundo por el agujero del dinero? Y aquella canción, sacada ahora de contexto, que habla de la “limosna de amor”… Toda limosna es de amor. Por definición. Lo que nos mueve a dar es la compasión, el amor al otro que vemos desvalido.

Las situaciones de necesidad son múltiples: perdón, comprensión, compañía, información, acogida, valoración de su persona, disimular su humillación... además de las de dinero, claro. En cualquiera de estas situaciones, y muchas más que la sensibilidad va descubriendo a todo paso, lo que importa es querer a la persona del otro, que eso está muy por encima de la situación en que se ve atrapado. Y hay cosas que atrapan de por vida: defectos, pobreza, enfermedades, color de la piel, culpa…
¿No es limosna aceptar, no hacer alto ni bajo, un defecto ajeno, que a otros da risa o mueve al desprecio? ¿No es amor lo que se siente cuando se perdona, si es que se llega de verdad a perdonar? ¿No es eso limosna? Es justo lo que esa persona necesita.

2. Dar limosna exige tener conciencia de lo que se hace: conocer la situación real del otro, y hacer lo justo, lo estrictamente necesario, y como si no se hiciera. Es sólo dar un punto de apoyo al otro, para que por sí mismo salga adelante. Sin humillar. Sin hacerse uno valer, pretendiendo que el otro entienda "que si no es por mí...". Se trata de no hacerle pasar al otro un mal trago. Así se hace, cuando se quiere a una persona.

Los que más lo necesitan son a veces los que menos hablan. Se ocultan por vergüenza, timidez… Otros, en cambio, hacen alarde o puro teatro de su estado de indigencia para conseguir vivir del cuento, en detrimento de quienes de verdad lo necesitan y se ven privados de ayuda al generalizar la sospecha. Se impone recabar información solvente sobre la situación real de las personas. Y si ello no es factible, sería preferible delegar en las instituciones de caridad o de acción social. Como insta la carta a Timoteo: "Ayuda a las viudas, que lo sean de verdad" (1Tim 5, 3).

 3. Situaciones necesitadas de ayuda las ha habido siempre y las habrá. Son muy frecuentes en el Evangelio, donde vemos a Jesús actuar decididamente. Es donde mejor expresa Jesús su mensaje, si cabe hablar así. Donde Jesús se explaya. Las páginas más excelsas del Evangelio, son aquellas en las que Jesús se encuentra con alguien necesitado “de lo que sea”. Jesús se vuelca. Para Él no hay otra ley: "Se os dijo… pero yo os digo amaos los unos a los otros". "No está hecho el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre". "Lo que hacéis a uno de estos a Mí lo hacéis", etcétera.

Lo central en Jesús es la persona necesitada. Sin condiciones, sin más historias, como muestra la parábola del hijo pródigo, la del samaritano… El hambre de la multitud que le rodea. La boda de Caná. El relato del juicio final en el evangelio de Mateo…
La figura de Jesús, su actitud constante, su estilo, sus parábolas, todo, rezuma misericordia, compasión por el desvalido. Compasión auténtica, humana. Y por eso divina. "Pero llegó una viuda pobre y echó unos céntimos. Llamó a sus discípulos y les dijo: "Os aseguro que esta pobre viuda ha echado más que todos" (Mc 12, 42 - 43)
Todo lo opuesto a aquella escena indescriptible de la película "Plácido", de García Berlanga, en la que cada dama de la Asociación parroquial tenía que traer un pobre a la comida de caridad, para lucirlo, igual que lucía su traje. Como si cada señora de aquella asociación pensara: "lo que a ti te pase a mí no me importa. Yo hago esto porque amo a Dios". El pobre no es una ocasión para medrar ante Dios.

 4. Por último, en la pedagogía de la iglesia entran los tiempos, los plazos. En Cuaresma la iglesia llama la atención sobre la limosna junto con la oración y el ayuno, como medios para reflexionar y abrir camino a la conversión personal... y comunitaria.

Bueno será, pues, que en el caminar hacia la Pascua de la mujer y el hombre nuevos, revisemos nuestras actitudes ante el qué, el cómo y el para qué de las limosnas, colectas o donativos que nos sentimos movidos a dar.